Donald Trump recibió un duro mensaje en las urnas. Las elecciones legislativas de Estados Unidos dejaron a los republicanos sin el control de las dos cámaras del Congreso y abrieron una nueva etapa de tensión entre la Casa Blanca y la oposición demócrata.
Entre los factores que explican el resultado aparecen la inflación, el encarecimiento de los combustibles, el impacto de los aranceles sobre la economía y el empleo, y el descontento con las políticas migratorias. La derrota incluyó retrocesos en estados que durante décadas fueron territorios republicanos.
Uno de los datos destacados fue el resultado en Texas, donde los demócratas consiguieron imponerse después de más de tres décadas sin ganar allí, según el artículo. También hubo derrotas en otros bastiones tradicionales del partido.
El nuevo mapa político le dará a la oposición herramientas para controlar al Gobierno: podrá convocar a funcionarios, impulsar investigaciones y revisar decisiones de la administración Trump. Entre los posibles objetivos aparecen los negocios de la familia presidencial y los vínculos con grandes empresas.
La situación también genera preocupación en el sector tecnológico, especialmente por la posibilidad de que se frene la construcción de centros de datos destinados a sostener el crecimiento de la inteligencia artificial.
El golpe no se limita a la política interna. La pérdida de poder legislativo puede debilitar la posición internacional de Trump y repercutir en sus relaciones con dirigentes aliados, como Javier Milei.